“El árbol de la Libertad…”

Libertad, es la facultad del hombre de actuar según sus valores, sus principios y su razón, sin someterse a nada ni a nadie.

Esta definición es tan válida para el individuo en estado de naturaleza, como para la vida en sociedad. El hombre libre, sabe establecer los límites, siempre desde el uso de su libre razón.

Pero los regímenes totalitarios, como el que “disfrutamos en España” desde hace ya más de un siglo, pero ahora sin disimulos ni ambages, requieren del control de la población para implementar sus políticas liberticidas, restrictivas, y mantenerse en el poder. El disenso no es admisible en una sociedad homogénea, por ello, el primer objetivo al llegar al poder, es controlar el sistema educativo.

Pasadas dos generaciones, y a través de una enseñanza distorsionada de los principales valores, la sumisión inconsciente, la aceptación de unas leyes que coartan las más elementales libertades y derechos, a favor de un supuesto y arbitrario “bien común” se hace de forma natural. El pensamiento ha sido condicionado. La razón, subvertida, y se han sentado las bases para un razonamiento erróneo. Para una nueva “verdad”.

Los límites de la libertad, como ya hemos dicho, deben partir del propio individuo, nunca de un gobierno o colectivo.

El Derecho a la Propia Vida y a defenderla, junto con la libertad para hacerlo efectivo, deben quedar garantizados en cualquier sistema democrático. En Occidente, tan solo Estados Unidos recoge y ampara en su Constitución estos principios.

En las democracias europeas por el contrario, la Búsqueda de la Felicidad, ni se menciona en ninguna de sus constituciones. La Libertad siempre va supeditada a unas normas que la vinculan a ese “bien común” o al colectivo. Nunca al propio individuo.

Siendo esto así, no pueden extrañar comportamientos como el visto hace unos días, en el que grupos de padres y activistas de izquierdas se manifestaban en contra del PIN Parental. En contra de la Libertad.

Entendamos que el recurso al PIN es opcional. No existe obligación administrativa para usarlo. Su utilización para evitar que determinados contenidos puedan ser impartidos a los niños, por considerarlos contrarios a la Moral de los padres, es libre y voluntaria, no es una imposición.

Lo que deja claro esta postura, es que quienes se manifiestan en contra del PIN, y los partidos que hay tras ellos, que además se permiten el lujo de tachar de “totalitarios” a quienes lo defendemos, no están en contra del PIN. Están en contra de la propia Libertad.

El sistema ha logrado esclavos, que no solo no son conscientes de serlo, sino que además, desean serlo. ¡Vivan las “caenas”!

Todos poseemos, incluso desde antes del nacimiento, desde el mismísimo vientre de nuestras madres, unos derechos que nos son inalienables y que ya hace más de dos mil años, eran reconocidos por el Derecho Romano:

El Derecho a la Vida

El Derecho a la Libertad

El Derecho a la Búsqueda de la Felicidad

Sin embargo, en Europa, y por afinidad cultural en Hispanoamérica, estos derechos están, cuando son reconocidos, vinculados al grupo o al colectivo. Mientras que el hombre existe para su propio derecho y su propio bien según su propia razón, para el Socialismo, el hombre existe para y por el colectivo. Es la fuerza del colectivo, sea grande o pequeño, la que acaba imponiéndose por absurdas o irracionales que puedan ser las ideas que éste defienda.

El triste ejemplo de lo dicho, lo estamos viendo hoy, Siglo XXI y en España.

El árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los patriotas y de los tiranos” 

Esta frase, atribuida a Thomas Jefferson, nos marca el camino a seguir, y aunque parezca extraño, el recurso a defender la Libertad, con esta frase como lema, cobra hoy más fuerza que en el momento en que se pronunció.