Ley Integral de Violencia de Género (LIVG)

Comenzaremos diciendo, y advirtiendo que en ningún país del mundo, menos aún en Occidente, existe una legislación que pueda compararse a la aberración jurídica, al insulto al Derecho en general, y a su Principios en particular, como la ley que rige en España, y sin saber muy bien, cual es la intención de la misma.

Si la intención es erradicar la violencia contra la mujer exclusivamente, dentro del entorno de las relaciones de pareja, las estadísticas demuestran que ha sido y es un absoluto fracaso. Las cifras de víctimas no han sufrido variaciones significativas desde su entrada en vigor.

Lo que sí ha conseguido esta ley, ha sido criminalizar al varón. Hacer del hombre un criminal en potencia por el único hecho de ser hombre. Por haber nacido Hombre.

Si analizamos nuestro Código penal, observamos que de ninguna manera es necesaria una ley específica para éste tipo de delitos. Todos y cada uno de los supuestos están ampliamente cubiertos por la legislación vigente. De tal modo, que en el supuesto de “homicidio”, mayoritario en este tipo de violencia, el “Parentesco” se contempla como “Agravante”. Esto lo dejó meridianamente claro el TS en su Sentencia 136/2012 en la que se aplica el agravante de “parentesco” a un homosexual que degolló a su pareja, elevando la pena de los 10 años iniciales, a los 13 definitivos de prisión, al apreciar que entre ellos existía una “relación sentimental de carácter estable”.

En este caso se trataba de una pareja de homosexuales, pero es exactamente igual en parejas hetero ya que la ley no distingue (o no debería) entre sexos. De hecho, fue la distinción que introduce la LIVG lo que llevó al TS de Justicia de Baleares a estimar en parte el recurso interpuesto por el acusado, en el que se destacaba, con la intención de reducir la condena que: “Se está extramuros de todo supuesto de violencia de género, pues ese género es según la LIVG única y exclusivamente la mujer, no pudiendo ser víctima otro hombre” 

Como decía mi abuelito: “Pa mear y no echar gota”

Acertada y afortunadamente, el Tribunal Supremo, en lo que hoy podríamos considerar como un ejercicio de coherencia y pura razón (antaño normal) añadió lo obvio a su argumentación para desestimar el recurso de la sentencia: “Hay que recordar la obviedad de que la Humanidad se divide entre hombres y mujeres, no entre homosexuales y heterosexuales, por lo que no sería admisible excluir la relación estable afectiva entre dos personas del mismo sexo, cuando la razón de ser de la agravante es la misma en una pareja homosexual que heterosexual.

Pero no acaba aquí la efectividad del vigente Código Penal contra la violencia, contra todo tipo de violencia, sin ser necesario recurrir a extrañas piruetas jurídicas como la ley que nos ocupa. Además del “Parentesco” como agravante, hay otras figuras que por sí solas son suficientes como para disuadir al autor. Así, y sólo para el caso de la mal llamada violencia de género; El abuso de superioridad. Aprovecharse de la circunstancia del lugar (domicilio). Medidas que debiliten la legítima defensa de la víctima. Discriminación (Raza, Sexo, Minusvalía…) Abuso de confianza. Reincidencia… De esto resulta que la LIVG es de todo punto innecesaria, además de cómo ya se ha dicho, vulnerar derechos fundamentales del varón.

Art. 14 de la Constitución Española:

“Todos los españoles son iguales ante la ley”

La LIVG da una patada a este precepto constitucional porque quiebra el principio de “Igualdad” al privilegiar a la mujer por el mero hecho de serlo. ¿Se puede acaso reclamar una igualdad, que las leyes ya reconocen, en base a limitar los derechos del hombre? Parece ser que en España, si. Se puede. Y se puede, como ya sucede, romper en mil pedazos otro de los preceptos constitucionales: La Presunción de Inocencia, puesto que es el varón quien debe demostrar su inocencia, en lugar de lo natural; que la Justicia demuestre su culpabilidad, bastando con una simple denuncia, sin prueba alguna, para que el hombre sea detenido y procesado.

Siendo así las cosas, ¿Porqué tanto juristas como políticos apoyan esta aberración jurídica? La respuesta es sencilla. Nos remite una vez más a la “Agenda 21” y su pretensión de instaurar el Socialismo global. 

La Ley Integral de Violencia de Género supone la dinamitación, la voladura del pilar fundamental sobre el que se construyó Occidente: La Familia. El hogar. El núcleo dentro del cual la figura del “Patria Potestas” confiere al cabeza de familia el poder decisorio sobre la educación de los hijos. Y siendo la Educación el crisol donde se forman los nuevos ciudadanos ¿qué mejor fórmula que despojarlo de toda potestad, de toda humanidad a base de criminalizarlo?

Sabido es que el mayor núcleo de resistencia frente al Socialismo es la familia cristiana. También es sabido que para que ese movimiento triunfe, el control sobre la Educación debe ser total.

Engels nos propone una vuelta a las cavernas. Un regreso a la tribu, cuando en ausencia de toda norma moral, el comportamiento humano imitaba el entorno animal, cuando dice:

“En el antiguo hogar comunista que comprendía numerosas parejas conyugales con sus hijos, la dirección del hogar, confiada a las mujeres, era una industria pública y tan necesaria socialmente, como la obtención de los víveres para los hombres. Las cosas cambiaron con la familia patriarcal y todavía más, con la familia individual, monogámica, es decir, de un hombre con una mujer. El gobierno del hogar perdió así su carácter social.

¿Les suena? No son pocos los políticos que en España han expresado su deseo de que los hijos sean educados por el colectivo, en lugar de por sus progenitores.

Incluso recientemente, una ministra tuvo la osadía de cuestionar el precepto constitucional de que los padres puedan elegir libremente el tipo de Educación que desean para sus hijos.

La relación entre la “Agenda 21” de Naciones Unidas y la LIVG queda demostrada a raíz de las últimas declaraciones de la “Musa” de ONU Greta Thunberg:

“Esa acción debe ser poderosa y amplia. Después de todo, la crisis climática no se trata sólo del Medio Ambiente. Es una crisis de derechos humanos, de justicia, de voluntad política. Los sistemas de opresión coloniales, racistas y patriarcales  lo han creado y alimentado. Necesitamos desmantelarlos todos. Nuestros políticos ya no pueden eludir sus responsabilidades”. 

Añadiré a título personal, que somos nosotros, la sociedad entera o al menos aquellos que aún creemos en los valores y principios que hicieron grande a Occidente, quienes no podemos seguir eludiendo nuestra responsabilidad. La tenemos. La tenemos para con la Historia. La tenemos para con todos aquellos que dieron su vida regando Europa con su sangre al combatir la tiranía de regímenes totalitarios. La tenemos para con nuestros hijos por la obligación, por el deber no escrito de dejarles un mundo mejor, que evidentemente no es el que se pretende imponer.

Si el Derecho debe seguir siendo la norma que rija las relaciones sociales, y suponiendo que nos queda algo de sangre en las venas, no podemos permitir que ni la LIVG ni ninguna otra que coarte un mínimo de la ya exigua libertad que disfrutamos, siga en vigor ni un día más. Debemos exigir a nuestros políticos el abandono de esa nefasta “Agenda 21” tal y como ya hiciera Estados Unidos de la mano de Donald Trump. Porque no lo duden, o lo hacemos, o estamos abocados a soportar una de las dictaduras más atroces que imaginarse puedan. No. No es cuestión de ideologías. Es una simple cuestión de Libertad.