Socialismo vs Comunismo

Cuando hablamos de Socialismo, Socialdemocracia, Nacionalsocialismo, etc, nos estamos refiriendo en realidad a un mismo movimiento político que en cualquiera de sus variantes obedece a un mismo fin: la abolición de la libertad individual.

Ya desde sus inicios, el socialismo tuvo la necesidad de desviar la atención de la opinión pública hacia un objetivo diferente y totalmente antagónico como es el Comunismo, que le permitiese salir bien parado del “Juicio de la Historia”

¿Porqué el Comunismo?, porque estaba ahí. Porque a pesar de su antagonismo, de sus grandes diferencias, socialistas y comunistas paradójicamente siempre fueron de la mano. Incomprensible. O tal vez no tanto, si nos remontamos a sus orígenes.

En 1864 la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) funda en Londres la I Internacional. Movimiento obrero de corte socialista, y que fundamentalmente estaba conformada por dos grandes bloques: Socialistas, partidarios de Marx, y Anarquistas, seguidores de Bakunin (“padre” de la Anarquía). El enfrentamiento de estos dos grupos llevó a su disolución en 1876. Previo a la disolución de la organización, Marx ya había expulsado a Bakunin de la misma.

En 1889, inasequibles al desaliento, los “obreros” fundan la II Internacional y esta vez, sólo socialistas. 

Pero los anarquistas tampoco decaen fácilmente, y en 1922 fundan la “IWA” (International Workers Association) o “AIT” que toma el relevo de la sección libertaria (anarquista) de la I Internacional.

Son los anarquistas, seguidores de las doctrinas de Bakunin, los primeros en desarrollar en España el movimiento obrero. Por entonces, en la segunda mitad del XIX, el Socialismo carecía de atractivo suficiente para el obrero hispano. El anarquismo es más acorde con nuestro carácter individualista.

El ideario anarquista se centra en el “federalismo” y el “colectivismo”, así como en la desaparición del Estado. Algo que requiere una confianza extrema en la capacidad del individuo para autogobernarse. Por su parte, los socialistas, seguidores de Marx, centran su acción en la creación de un estado mastodóntico que lo controle absolutamente todo, y dirigido por los “trabajadores”. Y es que el Socialismo es inconcebible sin estado.

Cuando el Socialismo de Marx llega a España, y para no dejar lugar a dudas, a los socialistas partidarios de Marx, comienzan a llamarles “Autoritarios”. (Se les veía el plumero). Los anarquistas, que se autodenominaban “Colectivistas”, pasaron a definirse como “Comunistas”.

¿Lo vamos viendo claro?

Que estos dos movimientos eran incompatibles quedó ampliamente demostrado en nuestra Guerra Civil, en la que podría decirse que se libró una guerra civil dentro de la propia Guerra Civil entre socialistas y anarquistas (comunistas). No necesitaban de ningún elemento externo para eliminarse, se bastaban ellos solos. De hecho, si decimos que se causaron más bajas en sus luchas internas que las causadas por el Frente Nacional, tal vez no exageremos.

Si analizamos la filiación política de los fundadores del Partido Comunista de Rusia en 1918, en el que se aprobó el “Programa Revolucionario Socialista de Gobierno”, vemos que ni uno solo de ellos habían pertenecido jamás a las corrientes anarquistas. Todos eran socialdemócratas. Su mismo fundador Vladimir Ilich Ulianov, (Lenin) era socialdemócrata. Lo mismo, todos los sucesivos cargos del partido, desde León Trostky a Iosif Stalin; socialdemócratas.

Es interesante destacar aquí el aspecto del término “Socialdemocracia” para darnos una idea de lo que la maquinaria de propaganda socialista, pilar fundamental de esa ideología, ha logrado. Bastó con la introducción de un término; “Comunismo” dentro de la nomenclatura general, y ajeno totalmente a su ideología, para que la Socialdemocracia no solo haya salido indemne, sino que además sea ampliamente aceptada como algo “bueno”. Tal vez sea esta la razón por la que el Socialismo, quedando impoluto, fresco, reluciente, vuelve una y otra vez como si de una novedad se tratase.

Cuando vemos a Pablo Iglesias autodefinirse como socialdemócrata, una mayoría se echa las manos a la cabeza: “¡Cuánta hipocresía!” se dice, porque la tendencia general es identificarlo con el Comunismo. En cambio, en esa faceta, puede que sea el único político que no miente.

¿Se dan cuenta de hasta qué niveles ha llegado la manipulación? ¿No creen que va siendo hora de volver a los libros y repasar conceptos? Para ayudarles, les recomendaré un libro: “Dos Tácticas de Socialdemocracia en la Revolución Democrática” escrito por…¡Lenin!

– A. de Marco-